9 de octubre de 2012

Breve diálogo con un creador


-¿A ti te gusta Silvio Rodríguez?
-Sí, me gusta mucho.
-Entonces, anda, ayúdalo a buscar su unicornio azul, pues, jajaja.

El que pregunta es el poeta Antonio Cisneros, quien acaba de dar un recital en el auditorio de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. En el poema que leyó aquella tarde, un joven impetuoso observa desde su casa a la vecina, con el deseo trepándose por la imaginación. Poema pícaro, alegre, vivaz, breve, de lúdicas asociaciones y sabores inesperados.

Foto tomada de http://www.siete.pe/2012/10/06/fallece-el-poeta-antonio-cisneros/antonio-cisneros-01/
El que responde es un alumno de la PUCP que se ha colado a la San Marcos para escuchar el recital, luego del cual suena en el auditorio una vieja canción de Rodríguez, a manera de fondo musical de las charlas posteriores a la participación de los escritores. La vecina de tez morena y blanco delantal se sienta para descansar del trajín. De vez en cuando y por el resto de su vida, el alumno volverá a trepar aquel muro para espiarla. Ahora se ha acercado a saludar, con mano temblorosa, a quien sus padres admiraban con fervor por impregnar la poesía de la voz rebelde de toda una generación. Frente a la pregunta del vate, el joven contesta con honestidad y espera un asentimiento. La respuesta lo deja helado.

El que se burla y ríe sonoramente es el oso hormiguero, quien añade, para mayor bochorno del alumno: “A mí me gusta más bailar con una salsa de Celia Cruz”. Gracias por esa sonrisa, Antonio.

8 de octubre de 2012

Lucerna: creación rebelde y crítica clara


En el editorial de la revista Lucerna (Año 1 número 1), nueva publicación peruana sobre creación y crítica literaria, se lamenta la tendencia comercial de la creación actual y la oscuridad de la crítica contemporánea. Se busca, pide y propone, entonces, una creación valiente y atrevida frente a las convenciones sociales y literarias, así como una crítica que pueda, además de analizar, comunicarse labor con claridad.
Portada del primer número de la revista, tomada de http://www.facebook.com/lucerna.literatura
Algunos lectores, suspicaces, no evitarán suspirar y pensar que el primer reclamo de Lucerna no es nuevo en absoluto. ¿No es cualquier creación rescatable una rebelión contra lo establecido? Por otro lado, otros podrían encontrar en el segundo la resistencia juvenil, natural pero ingenua, ante la institucionalidad académica.  ¿Acaso una crítica potente debe simplificarse solo para ser más digerible por los iniciados? Incluso, puede suponerse que el hecho de que una revista se proponga desde el primer número remar contra la marea sería -más que un programa- un recurso retórico obvio para presentarse como novedad entre las publicaciones existentes.

No obstante, en tiempos de crisis, lo sencillo es urgente. Con el oxígeno de su primera bocanada, Lucerna nos recuerda dos verdades que, por evidentes, corren el riesgo de ser ignoradas. Las percibimos en recitales y conferencias: nos encontramos en un momento en que la creación en nuestro país corre el riesgo de estancarse en temas y formas, y la crítica literaria se come a sí misma con vertiginoso placer. El camino trazado por Lucerna es imperativo para nuestras generaciones y los lectores estamos atentos a sus primeros pasos. 

4 de octubre de 2012

“Las piadosas” de Andahazi: entre el humor y lo fantástico

El argentino Federico Andahazi es autor de “Las piadosas”, breve novela en la que apela a personajes reales como Lord Byron y los mezcla con personajes fantásticos. Un elemento muy interesante en esta novela es el humor. Toda la historia está narrada con el lenguaje de un relato de suspenso. No obstante, este contrasta de manera sumamente irónica con ciertos episodios ridículos, como aquel en el que un editor juzga a las novelas que va a publicar con una máquina lectora de su propia invención. El diálogo metaliterario y los guiños al lector, además, son constantes en este episodio.

Foto tomada de http://entreshandysybartlebys.blogspot.com/2009_07_19_archive.html
El encuentro entre el humor y lo fantástico es un tema sumamente interesante de comentar. Normalmente, se suele asociar lo fantástico al terror, pero sus alcances son mayores. Para citar solo casos célebres, pensemos en "La otra muerte", de Borges, en la que el episodio fantástico constituye una irónica revisión de la historia guerrera del cono sur latinoamericano. Consideremos, también, la muda carcajada que acompaña cada categórica conclusión del comentarista en "Pierre Menard: autor de El Quijote".

Asimismo, recordemos la angustia del joven en "Carta a una señorita en París", de Julio Cortázar, frente al exceso de conejitos, que no solo nos provoca incertidumbre, sino también esa secreta sonrisa, casi compasiva, catártica, al ver a un hombre atrapado por el sinsentido. Incluso en "La metamorfosis", de Kafka, la gelidez de las descripciones del protagonista sobre su familia está cargada de una ironía decadente. Este humor nocturno se aprecia también en los cuentos fantásticos del peruano Clemente Palma.

En "Las piadosas", novela muy entretenida por cierto, un mounstruo de terrible cuerpo femenino pero lúcida inteligencia nos relata sus desventuras desde su infancia, su execrable vida matizada por el amor a la literatura. Un amor que la ha llevado, literalmente, a devorar páginas de libros, mientras más antiguos y clásicos, más sabrosos. Estoy a la mitad de la obra… ¿cuál será el destino de este horrible ser?

27 de julio de 2012

Los viajes

El capítulo 2 de Los ríos profundos, titulado “Los viajes”, es el que más recuerdo de aquella novela. “Es el más largo del libro, ¿no?”- le pregunté a mi amigo. “No -me dijo él-, es, precisamente, el más corto”.

Mi amigo recuerda esa novela y la lleva siempre presente. Él opina que es la mejor entre las de José María Arguedas. Conversaciones sobre su carácter lírico, más que narrativo, nos ocuparon durante algunas tardes en la universidad. Esas tardes en jardines, cafeterías, pasillos, bancos, etc. se parecían a los viajes en los que Ernesto y su padre descubrían, tras cada quebrada, el canto de la calandria y el humor de los violines. Inmensa como los valles que recorrían ambos, me imaginaba su palabra, estuario de alegrías y tristezas.

Luego de la claustrofóbica voz del viejo, figura dominante del primer capítulo de Los ríos…, el aire del vado de Cangallo:

Ya debía amanecer. Habíamos llegado a la región de los lambras, de los molles y de los árboles de tara. Bruscamente, del abra en que nace el torrente, salió una luz que nos iluminó por la espalda. Era una estrella más luminosa y helada que la luna. Cuando cayó la luz en la quebrada, las hojas de los lambras brillaron como la nieve; los árboles y las yerbas parecían témpanos rígidos; el aire mismo adquirió una especie de sólida transparencia. Mi corazón latía como dentro de una cavidad luminosa. Con luz desconocida, la estrella siguió creciendo; el camino de tierra blanca ya no era visible sino a lo lejos.
Hermosa, estremecedora, vital y a, la vez, mortuoria imagen:
Corrí hasta llegar junto a mi padre; él tenía el rostro agachado; su caballo negro también tenía brillo, y su sombra caminaba como una mancha semioscura. Era como si hubiéramos entrado en un campo de agua que reflejara el brillo de un mundo nevado. “¡Lucero grande, werak’ocha, lucero grande”, llamándonos, nos alcanzó el peón; sentía la misma exaltación ante esa luz repentina.
Como todo viaje, este también termina y el silencio del padre presagia la despedida en el capítulo III. Un nuevo viaje espera al padre solo, hacia otros pueblos, como aquellos que ya visitaron. En varios de ellos los odiaron, los quisieron “matar de hambre”. En otros, oyeron toda la noche a los mejores violinistas y arpistas del lugar. En uno de ellos, Ernesto se enamoró y cantó a la puerta de una joven de ojos azules huaynos desconocidos.

En los pueblos, a cierta hora, las aves se dirigen visiblemente a lugares ya conocidos. A los pedregales, a las huertas, a los arbustos que crecen en la orilla de las aguadas. Y según el tiempo, su vuelo es distinto. La gente del lugar no observa estos detalles, pero los viajeros, la gente que ha de irse, no los olvida. Las tuyas prefieren los árboles altos, los jilgueros duermen o descansan en los arbustos amarillos; el chihuaco canta en los árboles de hojas oscuras: el sauco, el eucalipto, el lambras; no va a los sauces. Las tórtolas vuelan a las paredes viejas y horadadas; las torcazas buscan las quebradas, los pequeños bosques de apariencia lejana; prefieren que se les oiga a cierta distancia. El gorrión es el único que está en todos los pueblos y en todas partes. El viuda pisk’o salta sobre las grandes matas de espino, abre la alas negras, las sacude, y luego grita. Los loros grandes son viajeros. Los loros pequeños prefieren los cactos, los árboles de espino. Cuando empieza a oscurecer se reparten todas esas aves en el cielo; según los pueblos toman diferentes direcciones, y sus viajes los recuerda quien las ha visto, sus trayectos no se confunden en la memoria.
¿Qué ave serás, amigo, a qué ritmo y hacia dónde te llevará tu vuelo? ¿Qué vuelos recordarás, qué capítulos, notas al pie, fronteras, cigarrillos, mujeres, piedras lúcidas, navajas, cervezas, callejones? ¿Cómo será el regreso?

Será partir de nuevo
este regreso.
De la luz
a la luz, de la nube
a los ríos,
de la fuente a la boca de las aves
y de las aves a su antiguo vuelo.
Recorriendo
con los ojos
de la tarde
las llanuras del tiempo
derramado,
abriremos
una sonrisa en cada valle.
(Quinto fragmento de “Ensayo a dos voces”, de Javier Heraud y César Calvo)

19 de julio de 2012

De polvo a demiurgo

¿En cuánto se parecen la literatura y la sociedad?
¿Son, siquiera, comparables?
¿Pueden ser analizadas desde las mismas ciencias?

Este tipo de interrogantes nos asaltan a quienes intentamos analizar las novelas como parte de un constructo sociocultural determinado. No obstante, estas preguntas, en mi breve experiencia, no se han resuelto.

Asumir las novelas como ficciones que pueden analizarse e interpretarse desde las Ciencias Sociales o Humanas nos plantea el tercer enigma de Turandot:

“Hielo que te inflama
y con tu fuego
aún más se hiela.
Cándida y oscura.
Si libre te quiere,
te hace más esclavo.
Si por esclavo te acepta,
te hace Rey”

La Antropología, la Economía, la Sociología, la Psicología, etc. nos proveen marcos conceptuales confiables para acercarnos a los hechos ficcionales y pueden aportar las bases para una interpretación coherente. Sin embargo, en su reducción de la ficción, culminan encorsetando lo que se imprime desde su concepción como indeterminado: la imaginación y la libertad humanas.

Así, el investigador que logra domar al texto no evitará, no podrá hacerlo, detenerse, cerrarse, asentarse sobre una interpretación que, en la lógica de las ciencias, deberá probarse y someterse a experimento. Por ende, termina reduciendo a la ficción a la confirmación de la teoría que la explica.

Al pretender, entonces, dominar el texto, el investigador desaparece. Como la teoría lo explica todo, el hombre como individuo es un vehículo, un intérprete. Así el príncipe enamorado de Turandot, reclama a su esquiva presa:

"¡Tres enigmas me has propuesto
y los tres los he resuelto!
¡Uno solo a ti te propongo:
no conoces mi nombre!
Dime mi nombre,
dime mi nombre
antes del alba,
¡y al alba moriré!"

El investigador se oculta tras la negra noche de las teorías y su interpretación, de haber nacido como impulso instintivo, se confirma como absoluto principio. De polvo a demiurgo, el investigador plantea que su ser es prescindible, pues en las teorías está ya encerrada la explicación que ha reflejado.

No obstante, todo enigma es, como todo problema, un paso hacia el conocimiento.Cuando el texto se escapa de la interpretación, cuando la noche cofunde los rasgos puros, el nombre ha de volver para confrontar al hombre: toda interpretación es una nueva obra, una creación distinta, un sueño acerca de un sueño.

"Yo sé su nombre...
¡Mas es delicia suprema
mantenerlo en secreto
y poseerlo yo sola!"

Las citas de Turandot se han tomado de http://www.arcadiajerez.com/gestion/contenidos/agenda/libretos/Turandot.pdf