3 de enero de 2009

Disfraces

Eduardo es afroperuano, se está iniciando como cantante de hip-hop, viste a la manera de los músicos de ese género y cree en la necesidad de "crear disturbio". Ayer contó un episodio que le ocurrió en una fiesta en Cusco: luego de darle la mano, los otros jóvenes se recomendaban revisar si aún conservaban los cinco dedos. Eduardo "chancó" a dos de ellos para que dejaran de molestarlo. El racismo es un "todos contra todos" en el que los triunfos son efímeros y los perdedores tendrán su revancha, como el fútbol.

De hecho, el fútbol es un espacio donde el racismo se explaya con mayor libertad. Yo aprendí a ser hincha de Universitario de Deportes mientras jugaba en las calles de La Victoria, donde vivía mi abuela, distrito plenamente identificado con el clásico rival, Alianza Lima. Mientras corría en una vieja quinta, asimilé el primer axioma de mi corta edad: los blancos (o los que parecíamos blancos) éramos de la U, mientras que los negros (con todas sus variantes) eran de Alianza.

Los de la “U” éramos guerreros, ganadores, orgullosos; los de Alianza, flojos, con pinta de "choros", pobres. Había que cuidarse, pues cualquiera podía cruzar esa fina cuerda y contaminarse. Aquellas veredas fueron arduas para mi adolescencia, pues tenía miedo de que me roben y me golpeen, y me perturbaba el color de la piel de la gente que andaba a mi lado. Intentaba pasar desapercibido: un chiquillo blanquiñoso era presa fácil.

Julio Ramón Ribeyro también fue hincha de la “U” y escribió uno de los cuentos peruanos más representativos de nuestra cultura: Alienación. En un clásico artículo (“Apología de Bob López”. Ius et veritas 11 (noviembre 1995): 189-208.), Guillermo Nugent revindicó el derecho del protagonista de dicho relato a vestirse y convertirse en quien le parezca mejor. Asimismo, señaló que la mirada que ve en él a un "alienado" es un síntoma del racismo que pervive en el narrador-personaje y quizás en los lectores: los ojos de la fiera enjaulada que perciben la realidad dividida por barrotes de hierro.

Pienso en cómo el color de mi piel ha influido en la construcción de mi identidad y mi manera de experimentar la vida. Hasta hoy, ser más blanco que mis padres me ha generado cierto placer frente al espejo, junto a un sentimiento de culpa oscuro, pegajoso. Mientras jugaba en el barrio de mi abuela, aprendía a sentirme superior y amenazado. A pesar de mis estudios y mis reflexiones sobre el tema, aún me cuesta trabajo distanciarme del miedo, neutralizar la soberbia, para ver las cosas con claridad.

Mi abuela se ha mudado a un barrio más tranquilo y me ha pedido que lleve un encargo para un amigo de la familia que aún reside en La Victoria. Al volver a esas calles, percibo el temor de años atrás, aquel temblor en los ojos y mi cabeza empezando a inclinarse. Con esfuerzo alzo la frente, paseo la mirada y sigo caminando.

3 comentarios:

  1. muy interesante tu crónica. felicitaciones.

    Gonzalo Portocarrero

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  2. De hecho, profesor Portocarrero, Ud. ha puesto de relieve el género del post: la crónica. Este género nos colocar el foco en la realidad, pero permite, por su gran porosidad, que la subjetividad ingrese en el relato. En mi caso, desde su comentario de hace tres años hasta la fecha, he estado trabajando en este género e intentando encontrar un estilo que me permita expresarme acerca de la realidad a partir de mis conocimientos sobre literatura y otras disciplinas. Creo, profesor, que su comentario me ayudó mucho, pues estoy actulamente practicando un género que llamo "crónica de lectura", como podrá ver en los textos que he publicado en julio y agosto de este año, sobre todo: http://insomniofertil.blogspot.com/2012_07_01_archive.html
    Asimismo, debo hacer notar la coincidencia entre esta forma de acercarme a los problemas de la realidad, como el racismo, y la manera en que Ud. lo ha hecho en ponencias y clases: a partir de su experiencia familiar (recuerdo la ponencia en el Café Cultural de Letras en EE.GG.LL. de la PUCP, en 2011, a partir de la semana sobre Arguedas). Este anclaje en la realidad y la experiencia personal es fundamental en el tipo de textos que ahora estoy practicando.

    Atte.

    César

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